Por Daniel Jimenez (@npositivas)
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Fotomontaje
del Ecce Homo que circula por la red |
"En el idioma arameo, que hablaban Jesús y sus
apóstoles, una misma palabra significaba deuda y significaba pecado"
escribe Eduardo Galeano en su último libro, "Los hijos de los
días". Hoy día seguimos hablando en arameo sin saberlo, pues no parece
que haya mayor pecado en estos tiempos de llanto y rechinar de dientes que el
de la deuda.
La elevada deuda de un país lo justifica todo. Justifica
incluso que pierda su consideración de Estado soberano para pasar a
estar controlado por los "hombres de negro", nombre por el que
se conoce a la casta sacerdotal que nos tiene que llevar por el buen
camino para que podamos redimirnos y llegar al cielo de los países
angelicales que pagan siempre de forma puntual. Da igual que sea a costa
del perder los servicios públicos de la educación y la sanidad.
Son pérdidas asumibles, más si tenemos en cuenta que el mundo es un valle de
lágrimas al que hemos venido a sufrir.
Lamentablemente, hay herejes que intentan enturbiar nuestras
almas con ponzoñosas ideas, como la del "Estado del bienestar",
pecado costosísimo que nos impide progresar en el camino de la virtud, digo de
la confianza, dogma de fe que nos enseñaron los eremitas del dinero,
señores que viven en lejanísimos y áridos lugares a los que llaman "los
mercados".