miércoles, 22 de febrero de 2012

El cuento chino de las nucleares

Por Mónica Cuende (@monicacuende)

En 2010 el pueblo de Kopaci fue enterrado por los altos niveles de radiactividad
tras la catástrofe nuclear de Chernóbil en 1986. (Creative Commons)

A principios de febrero, el ministro de Industria, Energía y Turismo, J.M. Soria, confirmó su intención de encargar un informe al Consejo de Seguridad Nuclear con el objetivo de mantener activa la central nuclear de Garoña (Burgos) más allá de 2013, fecha límite en que las instalaciones debían iniciar su desmantelamiento y limpieza por cuestiones de seguridad, según una orden ministerial aprobada en la anterior legislatura. El actual ministro del PP justificó esta decisión argumentando que "no va a cancelar un reactor nuclear en un momento en el que se quiere bajar el precio de la luz (...). Se puede ampliar el periodo de explotación (de las nucleares) hasta que así lo determine el Consejo de Seguridad Nacional".


Erase una vez...

Desde el nacimiento en los años 50 de las primeras centrales nucleares para el abastecimiento energético, algunos humanos no veían con buenos ojos esta energía nuclear. Dudaban de su eficiencia cuyos inconvenientes son mayores que sus ventajas: alto coste en su construcción, mantenimiento y desmantelamiento, así como los peligros que conlleva para la salud en caso de un accidente nuclear (la fuga de Ascó en 2008 fue más grave de lo que afirmó en público el Consejo de Seguridad Nacional; las explosiones del accidente de Chernóbil de 1986 cuenta con un millón de muertes y los de Fukoshima se irán desvelando con el paso del tiempo).

Durante la legislatura de 1997, el gobierno de Aznar aprobó la ley de liberalización del Sector Eléctrico. Desde entonces las centrales nucleares venden su electricidad al mismo precio que las centrales de gas o de carbón, cuyo coste es más elevado para el contribuyente, mientras que éstas obtienen grandes beneficios. También se estableció una partida de costes, que pagamos todos los consumidores con nuestros impuestos y sin saberlo, mediante la tarifa eléctrica permitiendo, a estas compañías, que recuperen el importe total de las inversiones pendientes de amortizar.

La realidad es que nuestras facturas de electricidad aumentan, aún cuando los propietarios privados obtienen unos beneficios que superan el 300% por la venta de energía nuclear a los españoles y de exportación a Francia, Portugal, Andorra y Marruecos, según confirma un informe del Comité Nacional de Energía y la Red Eléctrica Española. Es decir disponemos del doble de potencia de la que utilizamos en el país, entonces ¿por qué pagamos más por la energía nuclear que, encima, no consumimos?

Intereses radioactivos

¿Sabes qué empresas son las propietarias del parque español de centrales nucleares? Pues según datos extraídos del Informe preliminar sobre las pruebas de resistencia en las centrales nucleares españolas, publicado a finales de 2011 por el Consejo de Seguridad Nacional son:

> Trillo: propiedad de Iberdrola Generación, Gas Natural, Hidroeléctrica del Cantábrico y Nuclenor.

> Vandellós II:  propiedad de Endesa Generación (72% ) y de Iberdrola Generación (28%).

> Cofrentes : propiedad de Iberdrola Generación.

> Ascó : propiedad de Endesa Generación ( 85%) y de Iberdrola Generación (15%).

> Almaraz : propiedad de Iberdrola Generación, Endesa Generación y Gas Natural.

>  José Cabrera :Gas Natural Transfirió la propiedad a la Empresa Nacional de Residuos , Enresa.

> Garoña : propiedad de Nuclenor, Iberdrola Generación y Endesa Generación.


La pesadilla

Las fugas de radioactividad de las centrales de Fukushima (Japón), Chernóbil (Rusia) y Ascó (Tarragona, España) son la prueba de que los consejos de seguridad nuclear tienen el mismo grado de acierto que las predicciones de los meteorólogos. Y lo peor del caso es que los consejos de dichos países mintieron sobre el alcance real de la situación, negando a la ciudadanía el derecho a estar informada sobre las posibles repercusiones en su salud. 

Los residuos radioactivos directos de las centrales nucleares son muy divertidos cuando los vemos en la serie de Los Simpson, pero la realidad es que esas barritas de uranio, una vez utilizadas, deben guardase en piscinas durante unos 40 años, con el consiguiente gasto de energía y agua potable que queda contaminada de por vida. Cumplidas esas cuatro décadas se inicia un costoso dilema ¿qué hacer y dónde emplazar la basura radioactiva?


Imagen de un satélite japonés que muestra los daños en la central nuclear tras de marzo de 2011.
Photo: DigitalGlobe-Imagery (Creative Commons).


El anterior gobierno del PSOE decidió que la solución pasaba por construir un Almacen Temporal Centralizado (ATC) cuyo coste asciende a 2000 millones de euros.  Según Greenpeace el almacenamiento en Instalaciones Temporales Individualizadas tendría un coste de unos 80 millones de euros.  Los afortunados en alojar este Cementerio Nuclear en su pueblo son los vecinos de Villar de Cañas (Cuenca) y están tan contentos que, el pasado domingo 12 de febrero, se manifestaron en contra de la instalación de la ATC.


¿Un final feliz?

Según un informe emitido en 2011 por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), 6 de cada 10 españoles está en contra de las centrales nucleares. Y ¿que harían si supieran que además de pagar más por una energía peligrosa tenemos derecho a independizarnos de la red eléctrica?

El alto presupuesto de las centrales nucleares podría destinarse a la instalación de sisteas de energías renovables en viviendas, edificios, tiendas y fábricas. Existen pequeños equipo autónomos e instalaciones comunitarias que ya hacen posible la gratuidad de la energía y la independencia de la actual red eléctrica, así la iniciativa de la cooperativa Som Energia

Sólo hace falta que nos informen y nos dejen decidir sobre nuestra autonomía energética, porque en la gestión de los funcionarios políticos no creemos, tras saber que la mayoría acaban de consejeros o asesores con sueldos millonarios en empresas del sector energético. ¡Esta es la marca de España, ole!

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