Por Daniel N+ (@Npositivas)
Los micrófonos abiertos, esos enemigos de los políticos cerrados, jugaron el otro día una mala pasada al presidente del Gobierno. A Rajoy le sorprendieron cuando conversaba animadamente con otros mandatarios, a los que aseguró que su reforma laboral le iba a costar una huelga general. Si el jefe del Ejecutivo fuera un hombre que aceptara preguntas, sería el momento para pedirle que nos dijera si también ha calculado lo que va a costar esta reforma a los que la sufriremos.
Hace poco más de dos años, escribí un artículo sobre la reforma laboral anterior, que ya estaba preparando el entonces gobierno socialista. El artículo en cuestión fue colgado en la red social Menéame por los autores de un blog ligado a IU, partido con el que no tengo relación. El caso es que les gustó el contenido y decidieron difundirlo, logrando que mi texto fuera uno de los más leídos de ese día en todo el país.
Dicho artículo decía lo siguiente: "En España se han producido cinco reformas laborales en los últimos veinticinco años. Todas y cada una de ellas han caminado siempre en la misma dirección: más facilidad para despedir y menos derechos laborales. A pesar de que ninguna de estas reformas ha demostrado ser efectiva (?) nadie parece estar dispuesto a buscar otros caminos"
Meses después, se aprobaba la última reforma laboral todavía en vigor, con un éxito sin paliativos: ya hemos conseguido superar los cinco millones de parados, y aspiramos decididamente a llegar a los diez millones. No tomen mi texto en tono irónico. ¿Acaso, cuando se hacen leyes que favorecen el despido, no es con el objetivo precisamente de que se puedan despedir más y mejor, es decir, más barato?
El problema es que nuestro presidente no solo sabe que otra nueva reforma laboral le puede costar una huelga general. También intuye que con ella no va a crear trabajo, ya que es muy difícil crear trabajo cuando se legisla contra el trabajo. En este sentido, resulta fascinante cómo los políticos y los empresarios utilizan la excusa del desempleo para justificar recortes que no hacen otra cosa que causar más desempleo.
La única reforma laboral que no nos costaría tan caro sería la que apostara por invertir la actual situación de sumisión del trabajo ante las exigencias del capitalismo financiero. Dicha situación se traduce inevitablemente en mayor precariedad laboral para el trabajador, que se ve obligado a "flexibilizar", válganos el eufemismo, cada vez más su puesto de trabajo para no perderlo. La causa es que el trabajo es visto solo como un gasto que hay que reducir para aumentar los dividendos.
En este sistema económico, no hay más capital que el financiero. El capital humano es visto únicamente como algo que cuesta muy caro, que diría el presidente. Pero no se preocupe, señor Rajoy. Al fin y al cabo, usted es solo un violinista más de la orquesta del Titanic. Espero que también sepa asumir ese coste.
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